Multiple Sclerosis Home | Chat with Physcians | Chat with Specialist | Newsletter
 

About Multiple Sclerosis


Es necesario tomar en consideración algunos aspectos relacionados con la nutrición. Algunos son específicos, mientras que otros son más generales por naturaleza. Cualquiera sea el caso, la atención a la dieta y micronutrientes puede ayudar a minimizar los efectos de la enfermedad. Además, algunos tratamientos pueden causar la depleción de ciertos nutrientes que pueden ser apoyados con suplementos de minerales y vitaminas claves. Debido a que la EM es una enfermedad multifactorial, la dieta debe tener un impacto significativo no sólo en el desarrollo de este desorden, sino también en su severidad.

Se han realizado muchas investigaciones, algunas datan de los años 50´s, que describen cierta correlación entre la EM y el grado de grasa saturada en la dieta. En pacientes con EM, las dietas de grasa animal saturada en un nivel mayor a los 20 grms. diarios han traído como consecuencia un aumento significativo en la discapacidad y riesgo de muerte. Por el contrario, los que reportan una dieta con menos grasas presentan un deterioro mucho menor. Esto sugiere que los individuos con EM toleran en mucha menor medida los ácidos grasos y por consiguiente las dietas deben tener menor contenido de estos elementos. Otras investigaciones indican que mientras más temprano ocurran estos cambios en la dieta en relación con la aparición de los síntomas, mejor será la reacción de los pacientes.

Se ha comprobado que los ácidos linoleicos son factores dietéticos que ayudan a controlar la severidad de la patología. Estos están presentes en las semillas del girasol y alazor, también conocidos como Aceite de Onagra. Este suplemento ha demostrado mejorar los síntomas de la enfermedad. Las investigaciones acerca de las células del sistema inmunológico, como los linfocitos y macrofagos muestran que la administración de ácido linoleico corrige algunas reacciones al estímulo inmunológico de estas células. Ello afirma la teoría de que los ácidos grasos esenciales son beneficiosos para los pacientes con EM, mientras que los ácidos grasos saturados no.

Algunos minerales pueden lograr un efecto importante en el control de los síntomas y progreso de la EM. Comunmente se acepta la idea de que cuando un individuo con esta patología desarrolla una infección concurrente, el riesgo de un “ataque” posterior es mucho mayor. Se cree este sea el resultado del “efecto excedente”, lo que significa que los anticuerpos son estimulados por la infección en la misma medida en que lo son los autoanticuerpos que atacan la mielina del organismo. A partir de evaluaciones realizadas de los estados deficitarios, la escasez de hierro, zinc y magnesio trae como consecuencia una mayor susceptibilidad a la infección. De igual forma, cada uno de estos minerales ha demostrado tener efectos específicos en tejidos y células inmunológicas cuando se reducen. El prestar una adecuada atención a la presencia de estos minerales en la dieta o en los suplementos nutricionales, puede resultar en efectos beneficiosos perceptibles al reducir la frecuencia de ataques de EM. Se ha reportado un bajo nivel de hierro y zinc en pacientes con esta patología. Otro mineral que puede ayudar es el molibdenum que afecta el metabolismo de la sustancia purine. El molibdenum promueve la conversión de este componente en ácido úrico. Se ha demostrado que los niveles de presencia de este mineral en pacientes de EM es bajo. Igualmente se ha reportado que el ácido úrico ha sido beneficioso en pacientes con versiones experimentales de EM llamadas Encefalomielitis Diseminada Aguda.

Hay algunas vitaminas que juegan un papel integral en la función del sistema inmunológico, y pueden promover una mejor salud al prevenir el progreso de EM. De las vitaminas solubles en agua se mencionan la Vitamina B6, la Vitamina B12, la Vitamina C y el ácido fólico. Al tener esta característica, son menos fáciles de almacenar en el organismo y requieren de una constante dosificación. La B6 y la B12 son particularmente importantes en la función del tejido nervioso que incluye reparación. Esto es también de importancia cuando el organismo se está tratando de recuperar de un “ataque” de EM y la mielina está tratando de ser reparada. Además, estas células forman parte del desarrollo y acción normal de las células sanguíneas, incluyendo a los linfocitos. Las deficiencias de estas vitaminas pueden afectar la función óptima. Durante mucho tiempo se ha considerado a la Vitamina C como “estimulante” del sistema inmunológico, que ayuda a prevenir las infecciones y reduce la etapa de un catarro común. Además, particularmente en le caso de la EM, los medicamentos y esteroides inmunosupresivos empleados en esta patología, pueden reducir el efecto de la Vitamina C con rapidez. Los suplementos pueden ayudar a evitar los estados deficitarios y los disparadores infecciosos potenciales para las recaídas.

De las vitaminas solubles en grasa, la A, E y D pueden ser también beneficiosas. Las A y E son antioxidantes, y como resultado, limitan el alcance del daño inflamatorio que se produce al proteger los tejidos de las radicales libres de oxígeno. Estas constituyen pequeñas partículas, subproductos de la inflamación que podrían traer como consecuencia un daño posterior a la fibra nerviosa. Se sabe que la vitamina A protege de las infecciones bacterianas. Los aspectos acerca de la Vitamina E son más controversiales, pero algunos estudios sugieren que un bajo nivel de contenido de esta vitamina puede resultar en un riesgo mayor de desarrollo de EM. Este compuesto puede ser beneficioso en cantidades adecuadas en la dieta alimenticia, a través de la exposición solar o en forma de suplemento.