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¿Cuáles son los síntomas de la Esclerosis Múltiple?

Los primeros síntomas y los síntomas esporádicos pueden presentarse de diversas formas: mareo, pérdida del equilibrio, pérdida de la visión, visión doble, debilidad, entumecimiento, lenguaje distorsionado, y otros. En esencia, los tipos de síntomas dependen de adonde van dirigidos los ataques de las “placas”. En la medida en que progresa la enfermedad pueden ocurrir otros síntomas. Las dolencias crónicas pueden incluir fatiga, depresión, incontinencia urinaria, pérdida de la memoria, etc. Los síntomas crónicos se desarrollan en la medida en que crecen el número de “placas” en el cerebro y la médula espinal, y con frecuencia se les conoce como “carga de la enfermedad”.

También existen diferentes tipos de EM en dependencia de la forma en que se presenten los síntomas. La variante más común es la EM de recaída-remisión. En esta, los síntomas van y vienen y duran días o meses. Eventualmente los más complejos desaparecen, o casi se retorna a la normalidad, y se reanuda la función. La frecuencia de incidencia de esos síntomas es lo que define la actividad de la enfermedad. En general, se considera una EM activa aquella que produce dos recaídas al año. Una variante menos común es la EM crónica progresiva. Aquí los síntomas se presentan gradualmente y nunca cesan, pero pueden disminuir lentamente al tiempo que otros nuevos aparecen. Esta variante es más difícil de tratar. La tercera variante es afortunadamente muy poco común. Se conoce como EM aguda progresiva. Los síntomas afloran rápidamente y progresan de la misma forma, provocando una rápida y significativa discapacidad. Para este tipo de esclerosis se necesitan enfoques más agresivos, además de ser difícil de controlar.

Como regla general, los individuos que inicialmente presentan síntomas “sensoriales”, como entumecimiento, hormigueo y mareos moderados, tienden a desarrollar formas menos severas de EM. Mientras más tarde se presente la enfermedad, más benigna será el tipo de patología. Hoy en día existen variadas opciones de tratamiento que aminoran la severidad y duración de los síntomas, la frecuencia de los “ataques” y el desarrollo de la discapacidad. Además, hay otros muchos elementos que pueden mejorar la enfermedad a través de cambios en la dieta, nutrición y estilo de vida.