¿Cuál es el tratamiento para la Esclerosis Múltiple?
Durante más o menos los últimos diez años, han aparecido nuevas terapias que ayudan significativamente a los individuos que padecen EM. El objetivo de las mismas está fundamentalmente enfocado a reducir la actividad del sistema inmunológico. En este proceso, la reacción auto inmunológica y los anticuerpos contra la mielina se reducen, haciendo que la enfermedad, en teoría, se haga menos activa. Algunas de las terapias más antiguas, así como las más agresivas, aplastan el sistema inmunológico hasta el punto de hacer vulnerable al organismo ante otras infecciones. Aunque muchas de las terapias estandards modulan este sistema, el riesgo es mínimo.
De estos nuevos agentes, tres son muy similares porque constituyen betainterferones. Se conoce que los interferones inmunizan las proteínas en el organismo que hacen menos activo el sistema inmunológico. El Rebif, Avones y el Betaseron, cada uno de ellos varía de acuerdo con la forma en que son producidos, administrados y la frecuencia de la dosis. En general, todos pueden causar efectos colaterales como la influenza, que usualmente mejora luego de varios meses de uso de estos medicamentos. Como todos son aplicados por vía intramuscular, pueden ocurrir reacciones dermatológicas. Los efectos secundarios menos comunes incluyen disminución de las células sanguíneas, aumento de las enzimas en el hígado y, raramente, depresión. Estos son mucho menores que los beneficios que reducen en gran medida la frecuencia y severidad de los “ataques”. A través de los exámenes de resonancia magnética del cerebro se ha demostrado que, con el tiempo, disminuyen el número de “placas”.
Otros agentes pueden afectar también el sistema inmunológico al reducir las reacciones autoinmunes. La Copaxona puede actuar de diferentes formas, pero se conoce que actúa como un señuelo que absorbe los anticuerpos, haciendo que su efecto sea menos significativo. También es bien tolerada, pero tiene una dosis más frecuente que las anteriores. El Novantrone es un tratamiento más agresivo empleado para casos de EM más severos. Requiere de un monitoreo mayor. Sus efectos en el corazón son seguidos de manera rutinaria, pues ellos pueden traer como resultado el fin de la terapia. Actualmente se investigan nuevos agentes. El financiamiento para los estudios acerca de esta enfermedad es elevado, y como tal, se espera lograr terapias mejores y más efectivas.
Afortunadamente, existen mejores tratamientos que anteriormente no estaban disponibles. Como en cualquier otra terapia, los profesionales de la salud necesitarán conformar el tratamiento correcto para el tipo de EM. La decisión que se adopte estará igualmente determinada por los perfiles que se realicen de los efectos secundarios, las opciones de dosis y los costos. Además de estas terapias, existen otros aspectos importantes de la salud del individuo que requieren de especial consideración: los hábitos dietéticos, el ejercicio físico y el control del estrés.
Prestar atención al estrés
Al igual que en el caso de cualquier otra enfermedad crónica, la EM debe un alto riesgo de estrés a aquellos que la padecen. No son sólo los síntomas físicos los que producen frustración, limitaciones e incluso dolor, sino también, y de manera significativa, las preocupaciones acerca de lo que el futuro pueda deparar. En este sentido, los cambios de temperamento y del comportamiento pueden constituir señal de que el estrés no está siendo bien controlado. La irritabilidad, la mala concentración, la ansiedad, las preocupaciones, la elevada ingestión de alcohol u otras drogas, las fluctuaciones en los hábitos alimenticios, etc., por señalar algunos, pueden tener una significativa influencia.
Una dieta saludable, unida al ejercicio físico pueden ayudar a controlar el estrés. Pueden añadirse técnicas de relajación como son ejercicios respiratorios, meditación, yoga, bioretroalimentación y prácticas espirituales, todas las cuales pueden causar beneficios. Algunos consideran la orientación personalizada, mientras que otros prefieren los grupos de apoyo a la EM y otras formas de terapia colectiva. Una gran parte de todo esto está directamente relacionado con el mantenimiento de un grado saludable de conciencia y educación acerca de la enfermedad, mientras que al mismo tiempo se deja a un lado el control sobre factores de EM que no pueden controlarse.
Otras medidas incluyen una dieta saludable a base de compuestos naturales que reportan propiedades antiestresantes. Estas incluyen el gingsen, la Rosa Ártica y las cordicepinas, entre otras. Actualmente, el estrés constituye un factor que ha asido relacionado con una pobre función inmunológica, por lo que el control de su incremento ayudará a que el organismo alcance el óptimo nivel en este sentido en pacientes con EM.